El Maltrato

Las hijas e hijos de la violencia intrafamiliar

11.05.2010 21:42

 

En las últimas décadas el problema de la violencia intrafamiliar hacia las mujeres ha acaparado el interés de un buen número de investigadoras e investigadores que han centrado sus estudios en las repercusiones que este comportamiento de los agresores tiene sobre la salud física y psicológica de sus víctimas. De ahí el gran número de publicaciones recientes que sobre los más variados aspectos de las consecuencias de la violencia hacia las mujeres han aparecido tanto a nivel nacional como internacional.

Sin embargo, son mucho más escasos los estudios sistemáticos en los que se analiza el impacto que este tipo de violencia tiene sobre las niñas y niños que viven en estos hogares y que, generalmente, comparten estas situaciones de violencia –directa o indirecta- con sus madres, o aquellas figuras femeninas que desempeñan el rol de madres. En estos casos, a la ya compleja problemática que supone ser víctima de agresiones –de tipo físico y verbal- en la edad adulta habría que añadir las tremendas repercusiones negativas que vivir este tipo de situaciones tiene sobre el desarrollo de los miembros más jóvenes de la familia. Repercusiones que se manifiestan en todas y cada una de las esferas del desarrollo humano: físico, cognitivo, afectivo, social y emocional; y que se interrelacionan mutuamente para producir importantes problemas en los sujetos que las padecen.

Según diferentes estudios se estima que en torno al 60-70% de los niños, niñas y adolescentes que viven en hogares violentos, son víctimas –más o menos directas de situaciones de maltrato. Asimismo, en los últimos diez años, se han constatado en nuestro país algunos datos realmente preocupantes entre los que cabe señalar, a título de ejemplo, los dos siguientes. El primero hace referencia al hecho de que se han contabilizado, al menos, 53 casos de niñas y niñas asesinados por sus progenitores varones. Dichos asesinatos, en la mayoría de los casos, tuvieron lugar durante el cumplimiento del régimen de visitas establecido en la sentencia de separación. El segundo dato es el procedente del número de menores de edad secuestrados por sus progenitores varones que no tienen su guarda y custodia y que asciende a un total de, aproximadamente, 150.

Todos estos datos adquieren aún una mayor importancia si tenemos en cuenta los resultados procedentes de un estudio realizado en el año 2003 por la Fundación Reina

Sofía para el Estudio de la Violencia según el cual la incidencia de mujeres maltratadas en al ámbito familiar se ha incrementado considerablemente en el período

1997-2002.

 

 

 

Principales consecuencias de la exposición –directa o indirecta- a situaciones de violencia intrafamiliar

 

• Exposición Directa

·        Consecuencias físicas: retraso en el crecimiento, alteraciones del sueño y de la alimentación, retraso en el desarrollo motor, etc.

·        Alteraciones emocionales: ansiedad, depresión, baja autoestima, trastorno de estrés post-traumático, etc.

·        Problemas cognitivos: retraso en el lenguaje, absentismo escolar, fracaso escolar, etc.

·        Problemas de conducta: falta de habilidades sociales, agresividad, inmadurez, delincuencia, toxicomanías, etc.

 

• Exposición Indirecta

·        Incapacidad de las víctimas para atender a las necesidades básicas de las niñas y niños, por la situación física y emocional en la que se encuentran.

·        Lo que puede generar situaciones de negligencia y abandono hacia los niños y niñas.

·        Incapacidad de los agresores de establecer una relación cálida y afectuosa cercana con sus hijas e hijos. Lo que puede generar serios problemas de vinculación afectiva y establecimiento de relaciones de apego.

 

Con respecto a la segunda de las cuestiones, si el maltrato intrafamiliar debería o no incluirse como una categoría más dentro de las taxonomías clásicas de maltrato infantil, aquí también son muchos los autores que mantienen una respuesta afirmativa.

Y ello porque, como señalábamos anteriormente, la mayor parte de los problemas que se generan en el desarrollo de estas niñas y niños tienen su origen bien –en las situaciones de negligencia y abandono a las que se ven sometidos por parte de sus progenitores, incapaces de satisfacer de manera adecuada sus necesidades básicas-, bien porque son víctimas de maltrato activo –físico, emocional, etc.,- de un tipo similar al que reciben sus madres o las figuras femeninas que ejercen dicho papel.

Una vez hechas estas precisiones pasamos ahora a tratar de dar respuesta a la pregunta que nos planteábamos en las páginas anteriores: cuáles son las consecuencias del maltrato intrafamiliar sobre las niñas y niños que viven en este tipo de situaciones, haciendo especial hincapié en lo que afecta a su desarrollo psicológico y a su integración escolar que es el tema fundamental que hemos de abordar en esta presentación.

Las consecuencias de la violencia intrafamiliar en las niñas y niños

 

Resulta muy complicado hablar, en general, de consecuencias de la violencia intrafamiliar en el desarrollo psicológico y en la integración escolar de los niños y niñas. La razón es que existen un montón de variables cuya influencia puede afectar, y de hecho afecta, a dichas consecuencias.

Entre estas variables habría que señalar, básicamente, las siguientes: la mayor o menor cantidad de tiempo que el niño o la niña estén expuestos a las situaciones violentas; el tipo de violencia que sufren: física, emocional, directa, indirecta, etc.; la edad del menor que se encuentra expuesto a las situaciones de violencia intrafamiliar; la relación del agresor con la víctima, y por tanto con la “víctima invisible” –que es como se denomina en muchos casos a las hijas e hijos de parejas donde la mujer es víctima de malos tratos-; la posibilidad de recibir, o no, ayuda especializada.

Todas estas variables, y algunas otras derivadas de ellas, hacen que las consecuencias sean más o menos graves. No obstante, y a pesar de las dificultades existentes, se puede hacer una caracterización más o menos general de las consecuencias que vivir en un entorno familiar violento tiene para el desarrollo psicológico de sus miembros más jóvenes.

 

Características del desarrollo psicológico de las niñas y niños víctimas de violencia intrafamiliar

 

• Desarrollo social 

·        Dificultades de interacción social

·        Problemas de agresividad

·        Problemas de inhibición

·        Dificultades para interpretar las claves sociales

·        Falta de habilidades de resolución de problemas sociales

·        Tendencia a interpretar de forma hostil la conducta de los otros

• Desarrollo emocional 

·        Falta de empatía

·        Dificultades para expresar y comprender emociones, tanto propias como ajenas

·        Problemas de autocontrol de la propia conducta

•Desarrollo cognitivo 

·        Baja autoestima

·        Indefensión aprendida

·        Tendencia a no enfrentarse a nuevas tareas por miedo al fracaso y/ a la frustración

·        Problemas de egocentrismo cognitivo y social

·        Juicios morales heterónomos: más permisivos con sus transgresiones que con las de los demás.

 

Más Información: 

http://www.educarenigualdad.org/upload/Doc_76_Angeles_Espinosa.pdf

 

 

 Consecuencias del maltrato infantil en el desarrollo del lenguaje

 

Este artículo se basa en los datos proporcionados por un estudio comparativo de las distintas formas de maltrato en un grupo formado por 39 menores en situación de maltrato infantil detectados por los Servicios Sociales de la Comunidad Autónoma de Extremadura, publicado en 2005.

El mencionado estudio trata de determinar los retrasos o desviaciones respecto al patrón lingüístico normal “en formas de desprotección tales como el abandono físico, abandono emocional, maltrato físico y maltrato emocional; y verificar la existencia de repercusiones lingüísticas diferentes según la tipología de maltrato infringida al menor, es decir, por ejemplo si en los niños que sufren maltrato físico se constatan dificultades lingüísticas similares o diferentes a la que manifiestan los menores en situación de abandono físico, abandono emocional y maltrato emocional.”

Los niños estudiados se desglosan de este modo:
•     7 en situación de maltrato físico
•    13 de maltrato emocional
•    10 de abandono físico
•     9 de abandono emocional
Tienen edades comprendidas entre los 5 y 9 años.

Maltrato físico

“Las manifestaciones predominantes son: las quemaduras, fracturas, pinchazos, etc. (91.6%), los sentimientos de miedo ante su/s cuidador/es (83.3%), las amenazas (75%) y las explicaciones no convincentes del daño físico (75%).”

Maltrato emocional

“En los niños en situación de maltrato emocional destacan los siguientes indicadores de desprotección: las críticas constantes al menor por parte del/os cuidador/es (100%), seguida de miedos ante situaciones cotidianas (94.4%) y las amenazas y los chantajes al niño (94.4%).”

Abandono físico

“Respecto a los indicadores y/o manifestaciones del abandono físico, los de mayor incidencia son los siguientes: el menor pasa mucho tiempo solo y sin supervisión (96.5%), seguido a continuación del aspecto descuidado y falto de higiene (92.9%), y del absentismo escolar, mostrando los cuidadores un escaso interés por la escolarización del menor (78.9%).”

Abandono emocional

“Y por último, en relación con el abandono emocional las manifestaciones en orden de incidencia son: la indiferencia del/os cuidador/es ante las señales de atención del niño (85.7%), la ausencia de interacciones afectivas (85.7%), y el hecho de que la familia esté aislada y cuente con un escaso apoyo social (71.4%).”

Cada forma de maltrato infantil no se presenta de modo aislado, sino que acostumbra a estar interconectada con otro u otros.

-         Un 83% de los expedientes de maltrato físico presentan indicadores de maltrato emocional.

-         Un 33% de los casos de maltrato emocional presentan manifestaciones de abandono físico.

-         Un 35,1% de los expedientes familiares de abandono físico tienen asociados indicadores de abandono emocional.

-         Un 42,9% de expedientes de abandono emocional presentan manifestaciones de abandono físico.

 

Conclusiones Abandono emocional, el que más repercusiones tiene

 

Existen dificultades lingüísticas en las muestras de maltrato infantil analizadas y diferencias significativas según la tipología del maltrato.

En todas las tipologías de maltrato, los menores se encuentran por debajo de lo que se espera de ellos según su edad cronológica.

En los niños con abandono emocional es donde se aprecia mayor repercusión en el desarrollo del lenguaje, lo mismo en expresión oral que en morfología, semántica y sintaxis. A continuación se sitúan el maltrato emocional, el abandono físico y el maltrato físico.

Cuando ha existido maltrato emocional, es habitual que el niño tenga dificultades para comunicarse socialmente, algo que no ocurre en el caso del maltrato físico.

“Por tanto, concretando mayor medida, debemos señalar que en la muestra de abandono emocional se evidencian las siguientes dificultades:

·        En morfología (dificultad para utilizar formas verbales irregulares pasadas y futuras, pronombres personales de primera, segunda y tercera persona, reflexivos y posesivos.

 

·        En sintaxis (dificultad para utilizar la voz pasiva, oraciones más complejas como las subordinadas causales, temporales, adversativas y de relativo).

 

·        En semántica (dificultad para utilizar el dativo, uso inadecuado de los locativos, las nociones de cantidad con adverbios cuantificadores y pronombres y los modificadores de tiempo y sucesión; y en pragmática (dificultad para reclamar atención, demandas de información específicas, el uso de pronombres interrogativos, el uso del adverbio interrogativo de lugar “dónde” y el adverbio interrogativo de tiempo “cuándo”, el uso del “de quién”, “para quién” y “a quién”, el uso del por qué / cómo o de qué manera, los requerimientos directos e indirectos de acción, dificultad para dar respuesta cuando el enunciado les resulta demasiado largo, no logran mantener la atención y comprensión durante todo el tiempo y les faltan recursos para responder ante determinadas situaciones).”

 

“Concretando de la misma manera, en la muestra de maltrato emocional, las dificultades son las siguientes: en morfología (dificultad para el uso de formas verbales irregulares pasadas y futuras, formar palabras nuevas derivándolas del verbo, del sustantivo o del adjetivo, utilizando para ello sufijos derivativos transformadores, pronombres personales en función de objeto, reflexivos y posesivos); en sintaxis (deficiente uso de la voz pasiva y las oraciones subordinadas causales, temporales, adversativas y de relativo); en semántica (uso inadecuado del locativo y los modificadores de tiempo y sucesión); y en pragmática (los niños son parcos en palabras, en ocasiones saltan de unos temas a otros, les cuesta ponerse en el lugar de adultos e imaginar lo que dirán, dificultad para pedir algo como favor, sobre todo en aquellas situaciones en las que el niño representado en las escenas pide a su madre u otro adulto algún objeto, dificultad para solicitar más información sobre algún acontecimiento o para aclarar aspectos, para mostrar desagrado o disgusto acerca de algo, para formular demandas explícitas, para requerimientos indirectos de acción, limitaciones tanto para expresar cómo para mostrar desacuerdo con niños y adultos, tendencia a realizar grandes rodeos y el resultado no es el deseado, escasa habilidad para mostrar desacuerdo ante una figura de autoridad: padre, madre, profesora, etc.)”

 

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